10/10/2011

Herramientas Tecnológicas
Listado de soluciones tecnológicas que propone el capitalismo verde , tanto en combustibles ,como en procesos de producción menos contaminantes

Herramientas Tecnológicas


Los avances científico/tecnológicos son un factor fundamental para la implementación de los programas que supuestamente nos llevaran a una economía verde. La producción limpia implica la utilización de tecnologías que aseguren una baja emisión de C02 y que no contaminen el ambiente. Algunos procesos como el de producción de energía eólica no son cuestionables pero otros generan dudas y merecen un análisis serio. Pero lo principal a analizar por los gobiernos es que tipo de tecnología es la adecuada para cada país y la posibilidad de decidir en forma soberana y de ser posible utilizar desarrollos propios, caso contrario el proceso de transición de la economía marrón a la economía verde será un paso más hacia el reforzamiento de la dependencia.

 

Las soluciones técnicas del capitalismo verde

Los Agrocombustibles

La otra solución que ya ha sido aplicada en varios países ha sido la promoción
de los agrocombustibles —de maíz, de soja, de palma aceitera y de caña de azúcar los agrocombustibles fueron presentados como los salvadores del clima que ha sido muy cuestionada por utilizar alimentos para producir combustibles, aplicándole la denominación de combustibles verdes o ecológicos por ser producidos con materias primas renovables.
Los agrocombustibles se promocionaron como una respuesta al cambio climático que además ofrecía un sustituto frente al próximo agotamiento de los combustibles fósiles, cuando, en realidad, llegaron para conservar la hegemonía de las petroleras y la industria automotriz
En 2007, EE.UU empleó 54 millones de toneladas de maíz para producir bioetanol , mientras que la UE utilizó 2,85 millones de hectáreas para cultivos agroenergéticos. Si esta tierra se hubiera utilizado para producir alimentos, se habrían generado unos 68 millones de toneladas de granos, suficiente como para alimentar a 373 millones de personas cada año . Esto equivale a la población de los 28 países menos desarrollados de África
Hace cinco años los agrocombustibles fueron presentados como los nuevos salvadores del clima. Hoy muchos sectores admiten que son los reyes de las falsas soluciones. Numerosos activistas advirtieron desde el principio que un gran aumento en la demanda de productos agrícolas – maíz, soja, azúcar, caña, palma y colza, yuca – sería desastroso, ya que llevaría a la expansión de la destructiva agricultura industrial y a transformar comida en combustible. Aun así, muchos países adoptaron directivas para promover el uso de agrocombustibles, y continúan dando subsidios y apoyo al desarrollo de esta industria, que incluso se incluye en los llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio de la ONU.
La afirmación inicial de que los agrocombustibles son “más limpios y ecológicos” que los combustibles fósiles ha demostrado ser, en muchos casos, falsa. Por citar un destacado ejemplo, un estudio en el Sureste asiático sobre las emisiones de ciclo de vida de los agrocombustibles demostró que harían falta entre 450 y 900 años de plantar agrocombustibles para compensar el CO2 que captarían en el proceso de plantarlos.
Además de no mitigar el cambio climático, los agrocombustibles han llevado a
violaciones de los derechos humanos. En Brasil las condiciones laborales en la
industria del etanol a base de caña de azúcar son equiparables a la esclavitud. En Brasil, Indonesia, Colombia y otros países han estallado violentos conflictos por el acceso a la tierra causados por la expansión de las plantaciones de palma. En México comienzan a darse muy seguido desalojos de comunidades indígenas de sus tierras ancestrales para dar paso a la palma africana, principalmente al sureste del país.
En 2005, EE.UU. destinó el 14% de su cosecha de maíz a la producción de etanol, cubriendo tan sólo un 1.7% del consumo de combustible. En 2009 se destinó aproximadamente un 30% del maíz de EE.UU. a fabricar etanol. Con la cantidad de maíz que hace falta para llenar el depósito de un gran 4X4 una sola vez, una persona podría alimentarse todo un año

 

El Carbón Limpio

“Carbón limpio” es un término comercial que hace referencia a varias técnicas dirigidas a reducir contaminantes de la combustión del carbón. Últimamente, el bombardeo publicitario del carbón limpio se ha centrado en “Captura y Almacenamiento de Carbono” (CCS, sus siglas en inglés): capturar los contaminantes de la quema del carbón y enterrarlos bajo tierra. Este “secuestro de carbono” se está considerando, en principio, para las centrales térmicas de carbón, aunque ha sido también propuesto para otras instalaciones energéticas.Incluso los que lo proponen admiten que es poco probable que la CCS sea ampliamente utilizable hasta al menos 2030, lo que sería demasiado tarde para evitar eficazmente los aspectos más graves del cambio climático. Es aún incierto si el CO2 podría ser almacenado indefinidamente y una fuga accidental podría dar como resultado un CO2 más pesado que el aire, asfixiando a las comunidades más cercanas.
Las tecnologías CCS sólo se han empleado a pequeña escala, principalmente combinadas con esquemas de “extracción mejorada de petróleo”, en los que el CO2 se usa para forzar la salida de petróleo y gas natural de la tierra (estos combustibles fósiles son después quemados, lo que libera más CO2).

La energía nuclear

La industria nuclear está sirviendo en el problema del cambio climático como último recurso para sobrevivir a pesar de la oposición de la opinión pública reforzada ahora tras el desastre nuclear en Japón.
La energía nuclear se vende como una energía limpia porque no se emite dióxido de carbono en la fisión nuclear, sin embargo se usan grandes cantidades de combustibles fósiles en todas las otras partes del proceso de producción de energía; en la minería, al moler el material, en la conversión, el enriquecimiento y la fabricación de uranio, en la construcción y clausura de las centrales nucleares, en el almacenamiento a largo plazo de los residuos nucleares, en el transporte. En total las emisiones en el ciclo de vida de la energía nuclear son comparables a las del gas natural.
El uranio se extrae de enormes minas a cielo abierto o usando la técnica de filtraciones de químicos en el subsuelo, inyectando ácido sulfúrico, ácido nítrico
y amoniaco en la veta de uranio. Para producir una tonelada de combustible hay que moler y someter a un complejo proceso a 1000 toneladas de rocas. Las rocas de uranio son residuos radioactivos, que exponen a ecosistemas enteros al peligro de una radiación que dura millones de años. Al final, la extracción de combustible para la energía nuclear crea más residuos que la minería de carbón por unidad de energía. Parte del uranio acaba usándose con fines militares, envenenando a soldados y civiles, ya que el uranio empobrecido es usado en armas AP (Armour Piercing).

La biomasa

La biomasa ha sido ampliamente definida como varios tipos de carburantes y desperdicios “biogénicos” incluyendo basura, desperdicios de animales y agrícolas, cosechas, árboles, los gases que se generan en tuberías de aguas residuales y vertederos, el estiércol, e incluso los residuos de maderas y neumáticos generados por demoliciones y construcciones.
La incineración de biomasa compite con las soluciones más apropiadas y efectivas para una agricultura, silvicultura y gestión de desperdicios realmente sostenible (reducción, reutilización, reciclado y compostaje).
La biomasa quema con menos eficiencia que el carbón. Libera alrededor del doble de CO2 por unidad de energía producida. Los defensores de biomasa alegan que los árboles replantados absorberán el CO2, de forma que la quema es “carbono-neutral”.
En realidad un árbol recién plantado tarda mucho tiempo en absorber CO2, y sólo una parte del carbono que se libera hoy puede ser reabsorbido en los próximos 30 años, el resto tardará miles de años en desaparecer de la atmósfera. La reducción de emisiones del CO2 a corto plazo es crucial si queremos evitar catástrofes climáticas extremas y pasar del punto de no retorno, los árboles tardarían demasiado.
La quema de biomasa produce ceniza y emisiones toxicas que afectan a la calidad del aire y del agua e incluso la salud del ser humano. Cada tipo de biomasa tiene su propia clase de contaminante tóxico, desde el plomo, cromo y materiales arsénicos en maderas tratadas y pintadas hasta los arsénicos de los desechos avícolas.
La incineración de biomasa es una amenaza inaceptable en bosques y tierras agrícolas de todo el mundo. Si se retiran los residuos y los desperdicios disminuye la fertilidad del suelo y se pierde biodiversidad. Además estos productos no son desperdicios; normalmente juegan un papel importante en la economía local. Por ejemplo, la cáscara de arroz que se quema en Tailandia se usa tradicionalmente como absorbente del excremento de los pollos y gallinas, que después se devuelve a los campos de cosecha como fertilizante natural. En estos momentos en que la capacidad de los bosques y los suelos del mundo para retener carbono está ya al límite, necesitamos soluciones que construyan biomasa, no que la quemen.

 

La electricidad producida en presas hidroeléctricas es considerada “energía verde”

La deforestación se sitúa como la segunda principal causa del calentamiento del planeta, puesto que las plantas son las principales encargadas de absorber el CO2 de la atmósfera y transformarlo en celulosa. Ahora bien, la construcción de una gran represa implica la inundación de miles de hectáreas de selvas agudizando la problemática del calentamiento global. Por otra parte, el desplazamiento forzado que provocan las represas, implica que quienes trabajan la tierra tengan que buscar otros lugares para cultivar y sobrevivir y eso implica mayor deforestación, aumentando la concentración de gases efecto invernadero en la atmósfera en dos vías: la primera, devolviendo el CO2 que ya se había fijado al quemar la madera talada o por la descomposición de la misma, y la segunda, por la pérdida de capacidad de absorción del exceso de CO2 que se encuentra en la atmósfera
La electricidad producida en presas hidroeléctricas es consideradas “energía verde” por el mero hecho de que no se requiere de combustión para generarla. Sin embargo, la destrucción que causan las presas apunta en sentido contrario. La construcción de presas ha forzado a entre 40 y 80 millones de personas en todo el mundo a abandonar sus hogares, mientras millones más sufren río arriba y río abajo, debido a la asfixia de más de la mitad de las cuencas hidrográficas del mundo. A menudo las comunidades son tratadas brutalmente en violentos desalojos para dejar paso libre a la construcción de las presas.
Los embalses creados por las presas son una fuente importante de metano y CO2 debido a la descomposición de la vegetación, la construcción de carreteras y la destrucción de
hábitats. Un estudio realizado por el International Rivers demostró que la emisión neta de CO2 en grandes embalses poco profundos de zonas tropicales puede ser superior a las emisiones de gases de efecto invernadero de una central térmica de carbón con un tamaño equivalente. Además, las grandes presas consumen enormes cantidades de acero y cemento, cuya producción emite altas cantidades de CO2.
Las grandes presas son una de las principales causas de que el 20% de todas las especies de agua dulce se hayan extinguido y de que gran parte de las existencias de peces de agua dulce se hayan agotado. Incluso, muchos proyectos hidroeléctricos pequeños que aprovechan las caídas naturales de los ríos, dañan las infraestructuras de los pueblos, destruyen ríos y acuíferos en el proceso de desviación a través de largos túneles y pasajes y bloquean las corrientes fluviales con el barro excavado.
El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL; ver “Compensaciones de Carbono”)
está aumentando las subvenciones a la energía hidroeléctrica, mientras permite que los principales emisores de combustibles fósiles sigan contaminando. La energía hidroeléctrica es ahora la tecnología de “energías renovables” más importante en el MDL, con un cuarto de todos sus proyectos. Ninguna de las grandes presas que ahora están tratando de conseguir un certificado MDL, cumplía con la normativa para garantizar equidad social y ambiental establecida por la Comisión Internacional de Presas de la Unión Europea. Igual que muchos otros proyectos de compensación, la mayoría de los proyectos hidroeléctricos en el MDL, comenzaron las obras mucho antes de solicitar los créditos de carbono.
Las hidroeléctricas están también, en gran medida, detrás de la crisis hídrica en que nos encontramos actualmente a nivel global y de la pérdida de humedales costeros que servían como barreras naturales contra huracanes y otros fenómenos naturales, por lo que su impacto en las comunidades es mucho peor, causando muchos problemas de injusticia medioambiental en áreas costeras. Son parte también de la industria que privatiza el agua y la energía en el Sur .

Bio-carbón

Otra propuesta es el uso de carbón vegetal (lo han nombrado bio-carbón) para salvar el planeta. La idea es plantar más de mil millones de hectáreas de árboles y hacerlos carbón vegetal en un proceso de pirólisis (bajo en oxígeno). El carbón vegetal se entierra.
Al carbón utilizado de esta forma lo llaman “biochar” (en inglés) o Bio-carbon y afirman que dejará aprisionado el carbono durante miles de años, que el proceso de su producción generará energía, que incrementará grandemente el volumen de las cosechas y que detendrá la deforestación (que de acuerdo con muchos de ellos, es causada principalmente por pequeños agricultores que talan e incendian bosques porque no pueden mantener la fertilidad de sus suelos.
No se ha demostrado aún que el Bio-carbono ser capaz de secuestrar carbono o de aumentar por sí misma la fertilidad de los suelos. La “evidencia” de tales afirmaciones se basa fundamentalmente en antiguos suelos de la Amazonía Central, que se formaron hace cientos o aún miles de años atrás, hoy llamados “terra preta” (tierra negra). La terra preta fue creada por pequeños agricultores que, durante muchas generaciones, incorporaron al suelo una mezcla de carbón, compost, huesos animales y de pescado, sedimentos del río, estiércoles y diversos restos de biomasa. No hay evidencia de que se puedan recrear suelos ricos en carbono y fértiles simplemente –o rápidamente- por la aplicación de grandes cantidades de carbón a los campos de cultivo.
Hay ya varias empresas de bio-carbón y una Iniciativa Internacional por el Biocarbón que está presionando para que se les concedan créditos de carbono
y los gobiernos inviertan en esta tecnología. En realidad el carbón vegetal, que normalmente se deja simplemente en la superficie, se eleva en el aire como polvo de carbono y se transforma en “carbono negro”, un compuesto que causa más efecto invernadero que el CO2. Por otra parte, si el carbón vegetal se entierra profundamente, las raíces de las plantas se ven afectadas, y se libera carbono del suelo. Hay estudios que indican que si se entierra el carbón vegetal, éste desplaza al CO2 existente en el suelo.
Lo que es posible que pase es que la producción comercial a gran escala de biocarbón vegetal es una receta segura para que se cometan abusos de derechos humanos y se destruyan ecosistemas forestales.

 

La geoingeniería

La geoingeniería es una tecnología que propone la manipulación a gran escala de los sistemas planetarios para “arreglar” el cambio climático.
Sus partidarios dicen que nuestro efecto involuntario en el clima del planeta puede ser voluntaria y científicamente corregido. Esta lógica que da por supuesto que podemos entender y manipular un sistema infinitamente complejo, minimiza la necesidad de cambiar nuestra trayectoria de consumo producción y emisiones, e incluso la necesidad de plantearnos hacerlo. La idea de un grupo de geoingenieros enredando con el termostato de la tierra parece un ejercicio diseñado para exacerbar la injusticia climática global, y por supuesto que podría causar shocks en el sistema que desatarían el caos. Es alarmante que instituciones científicas de prestigio como la US National Academy of Sciences y la UK Royal Society estén pidiendo ensayos reales de estas tecnologías. No resulta sorprendente, sin embargo, que líderes neoconservadores como el American Enterprise Institute o el famoso escéptico/negador del cambio climático Bjørn Lomborg, que están en contra de la reducción de emisiones, también apoyen esta idea.

Absorber, reflejar o manipular?
La geoingeniería tiene tres propuestas. La primera es crear una serie de tecnologías a gran escala que absorban el dióxido de carbono de la atmósfera. La segunda es reducir la cantidad de luz en la atmósfera reflejando parte de esta luz hacia el espacio y así conseguir reducir la temperatura de la atmósfera. La tercera propuesta es intervenir directamente en los sistemas climáticos, intentando cosas tan poco humildes como redirigir un huracán. Todas estas propuestas significan jugar peligrosamente con nuestro planeta.

 

Contaminar la estratosfera

Cuando los volcanes entran en erupción liberan partículas de sulfatos que bloquean la luz del sol, enfriando el planeta. Algunos científicos están proponiendo imitar esto inyectando sulfatos o nanopartículas metálicas en la atmósfera. Aunque esto podría enfriar temporalmente el planeta, probablemente destruiría ozono y causaría reducciones en las lluvias en las zonas tropicales, lo que supondría hambrunas y pérdidas de cosechas. En 2008, el climatólogo ruso Yuri Izrael empezó con ensayos reales de liberar sulfatos desde helicópteros y aviones. En 2009 ex-ejecutivos de Microsoft (incluyendo a Bill Gates) presentaron una patente sobre una variación de esta técnica. Hay informes de que Boeing está también investigando estas posibilidades.

Blanquear las nubes

Otra idea es hacer las nubes más blancas, para que reflejen más sol. El proyecto incluye la construcción de una flota de barcos que puedan rociar las nubes con agua de mar.
Un equipo de geoingeniería llamado “The Silver Lining Project” (el proyecto capa de protección) está desarrollando el equipo para un ensayo en el que blanquear 10.000 kilómetros cuadrados de nubes en aguas de la costa oeste de Las Américas.

Fertilización o alteración de los océanos

La fertilización significaría cultivar fitoplancton poniendo grandes cantidades de nutrientes en los océanos. En teoría esto llevaría a un boom en el nivel de plancton que se tragaría el dióxido de carbono y lo depositaría en el fondo del océano. En la práctica no hay pruebas de que esto mantenga el CO2 fuera de la atmósfera a largo plazo, lo que si es cierto es que es una seria alteración de la ecología marina. Un grupo de empresas privadas están intentando promover esta idea para vender créditos de carbono. Se han hecho varios ensayos, el último de los cuales ha mostrado que hubo un crecimiento de la población de algas peligrosas.
También hay pospuestas de alterar la química de los océanos añadiendo minerales como cal para mejorar su capacidad de absorber CO2. Una empresa británica, Cquestrate ha recibido financiación de Shell para desarrollar esta iniciativa.

Capas de plástico para los desiertos

El plan es cubrir 107.826 km cuadrados de desierto con plástico brillante cada año, durante 60 años, para reflejar la luz del sol. Esta capa debería ser mantenida, y remplazada periódicamente durante uno o dos siglos.

La biotecnología

Cultivos “resistentes al clima”- Los productores de organismos genéticamente modificados empezaron asegurando que sus cultivos alterados salvarían al mundo del hambre, pero años después el hambre y la malnutrición siguen aquí. Estas mismas empresas que producen cultivos resistentes a un herbicida o un insecto, ahora aseguran que los organismos genéticamente modificados (OGMs) son la única manera de que la agricultura pueda seguir alimentando a un mundo que se calienta.
Empresas como Monsanto y BASF han estado patentando sigilosamente cientos de genes que se encuentran en la naturaleza y que suponen que permitirán desarrollar lo que llaman “cultivos resistentes al clima” esto es, capaces de aguantar sequías, suelos más salinos, inundaciones y otras condiciones desfavorables que vendrán con el cambio climático. Los gigantes de la genética se están posicionando para sacar un jugoso beneficio del cambio climático.
Un análisis más detallado muestra que las afirmaciones de esta industria son, en gran medida, especulaciones.
Las “cosechas milagrosas” no están ni de lejos listas para el cultivo comercial. Además la idea de que hay grandes superficies de tierra esperando para incorporarse al cultivo de OGMs es una fantasía. Si hay tierras, ya están siendo usadas por pequeños agricultores, pastores, pueblos indígenas y otros grupos que, si esta falsa solución se llegara a implementar, perderían sus hogares, medios de vida y su cultura.
El argumento a favor de los OGMs no contempla el hecho de que los pequeños agricultores siempre han conseguido adaptar sus variedades a condiciones climáticas cambiantes y que la biodiversidad agraria – no los monocultivos basados en la ingeniería genética – es la herramienta más eficaz para la adaptación al cambio.

Árboles, algas e ingeniería genética de vanguardia

La industria también asegura tener la clave para generar cantidades ilimitadas de energía “carbono-neutral” usando árboles y algas genéticamente modificadas. Empresas como ArborGen, por ejemplo, están preparando árboles que se podrían usar para producir agrocombustibles. Pero los árboles esparcen su polen y semillas en áreas enormes, poniendo en peligro de contaminación genética a bosques ecológicamente esenciales.
Otro ejemplo es Synthetic Genomics Inc, una empresa que se dedica a fabricar formas de vida sintéticas, y ha hecho un trato de $600 millones de dólares con Exxon-Mobil para desarrollar algas que transformen el dióxido de carbono en agrocombustible. Las algas se están desarrollando usando biología sintética, una forma extrema de ingeniería genética.
La biología sintética es una nueva y poco conocida tecnología industrial de alto riesgo; consiste en diseñar bacterias para usarlas en procesos industriales.
Empresas como Exxon, BP, Shell y Chevron están ya formando alianzas con empresas de biología sintética para crear bacterias que transformen el azúcar o la biomasa en la nueva generación de agrocombustibles. Una empresa llamada Amyris Biotechnology, en San Francisco, ha conseguido que el gobierno apruebe un combustible basado en azúcar de caña llamado “No Compromise”.
Los organismos sintéticos, si escapan, suponen un nuevo riesgo para la biodiversidad. Además harían que los agronegocios y las empresas forestales dedicaran cantidades aún más grandes de materia vegetal a la producción de combustibles.