10/10/2011

Proyectos y Programas del capitalismo verde
Diversos programas y proyectos que van incorporando la idea de los empleos verdes , economía verde y capitalismo verde ; proponiendo una serie de beneficios a aquellas entidades que se adhieran.

 

 

Proyectos y Programas del capitalismo verde

 

 

 

  Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)

 

El PNUMA es el promotor de la Economía Verde.

En 2008, el PNUMA lanzó la “Iniciativa de Economía Verde” con el fin de incentivar inversiones en ecosistemas y servicios derivados de la diversidad biológica, una “nueva generación de activos” que supuestamente estimularían el crecimiento económico, crearían empleos decentes y ayudarían a reducir la pobreza, al tiempo que mejorarían la sostenibilidad ambiental de la economía mundial

Actualmente se encuentra en diálogo con aproximadamente 20 países que han mostrado un fuerte compromiso con el tema, y que se encuentran trabajando activamente en revisiones especiales, estudios de alcance y reportes sectoriales y nacionales.

El PNUMA, en colaboración con economistas y expertos de todo el mundo lanzo un Informe Sobre Economía Verde donde se trata de  demostrar que la ecologización de las economías no es generalmente un lastre para el crecimiento, sino más bien un nuevo motor de crecimiento, que es un generador neto de puestos de trabajo decentes, y que también es una estrategia vital para la eliminación de la pobreza persistente. El informe también pretende motivar a los encargados de formular políticas para crear las condiciones propicias para una mayor inversión en la transición hacia una economía verde.

Desde el 2008  el capitalismo verde ha estado intensificando su ofensiva, deseoso de transformar la biodiversidad en dinero, hasta que finalmente ganó una batalla decisiva en la Convención de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica celebrada a fines de octubre de 2010 en  Nagoya, Japón sede de la COP10 sobre la cual se informa en esta nota.

 

 

El Programa de Mecanismo para el Desarrollo Limpio

Protocolo de Kyoto ratificado por 183 naciones, contiene algunas estrategias supuestamente alentadoras, pero otras demostraron tener efectos fatales. El programa de inversión en bonos o “créditos” conocido como Mecanismo para el Desarrollo Limpio (Clean Development Mechanism, CDM), se convirtió en un medio para que los países industrializados eludan reducir sus propias emisiones desarrollando proyectos “reductores de emisión” en países subdesarrollados.

 

Acatando en apariencia el Protocolo de Kyoto, muchos gobiernos establecieron “topes” a la emisión de gas de efecto invernadero en sus países, pero las industrias dispuestas a evadir esta imposición gubernamental de límites, en vez de reducir responsablemente sus emisiones pueden eludir completamente sus compromiso ambiental mediante la compra de “créditos de carbono” a otras industrias de distintas partes del mundo, es decir, adquiriendo los bonos CDM comercializados por el Banco Mundial.

 

En otras palabras, en lugar de reducir sus emisiones excesivas, los países ricos pueden “compensarlas” comprando “créditos” de reducción de emisiones en los países pobres.

 

Los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), creados para facilitar el cumplimiento del Protocolo de Kioto, permiten invertir en proyectos sostenibles que reduzcan las emisiones de CO2 en países en vías de desarrollo.

Este mecanismo de flexibilización del protocolo de Kyoto, es el único que tiene en cuenta a países en vías de desarrollo, el mismo consiste básicamente en reducción de emisiones de una industria existente por introducción de mecanismos nuevos (transferencia de tecnología), más aporte de capital que redunda en cumplir con dos objetivos que involucra a las partes: acceso a tecnología limpia por parte del país huésped del proyecto, y menores emisiones que se convierten en bonos de carbono para el desarrollador del proyecto.

 

Para poder transformar reducciones de emisión en bonos, es necesario desarrollar una serie de pasos en el orden nacional e internacional, que significan la aprobación del proyecto, el monitoreo de las reducciones, la verificación de las mismas para luego recién pedir la emisión de los mismos. Este proceso consta de varios actores involucrados, procedimientos a desarrollar y pautas a cumplir.

 

Las Compensaciones de emisiones

 

Las compensaciones por reducciones de emisiones de carbono son un truco diseñado para que las industrias y países contaminantes puedan cumplir sus requisitos de reducción de emisiones de manera fácil y barata, o para que los individuos no se sientan culpables por las consecuencias de su estilo de vida. En vez de reducir la contaminación, pueden pagar por un proyecto de “reducción” en otra parte.

Las compensaciones son  un permiso para contaminar más allá de tu límite de emisiones.

El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del protocolo de Kyoto es el mayor mercado de compensación de emisiones del mundo. Fue originalmente creado para que países ricos y contaminantes pudieran comprar reducciones de emisiones más baratas en países en vías de desarrollo en vez de reducir sus propias emisiones.

El MDL es un atractivo subsidio para las grandes empresas, ya que muchas veces se concede financiación a proyectos que iban a realizarse de todas maneras. El MDL es un mercado de miles de millones de dólares y continúa creciendo y expandiéndose hacia nuevas metodologías y sistemas. Este sistema no tiene nada de “limpio”, puesto que, de hecho, lleva a un aumento neto de la contaminación y le quita la responsabilidad al contaminador.

 

 

El Programa REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación evitada de bosques

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El negocio de los REDD consiste en la libre compra y venta de “derechos de emisión” en la timba bursátil, y  sólo beneficia a las corporaciones que más bosques destruyen, al tiempo que alienta la expropiación de territorios a pueblos indígenas y comunidades locales. El diario mexicano La Jornada calificó a la iniciativa REDD como uno de los más increíbles ataques a los bienes comunes del planeta y la humanidad

La propuesta de los programas REDD es que como la deforestación es un factor importante de la crisis climática, hay que compensar económicamente a quienes ya no lo hagan. Por ello se llama deforestación evitada: primero hay que deforestar para luego vender el dejar de hacerlo. Ganan los que talan  al deforestar y ganan por dejar de hacerlo. Quienes más se benefician de estos programas son los que más bosque y selva hayan destruido. Y que podrán seguir haciéndolo, ya que REDD acepta que dejando apenas 10 por ciento del área original se cuente como deforestación evitada.

Al programa original se le agregaron versiones llamadas REDD++, que incluyen pagos por establecer en lo desforestado monocultivo de árboles otra fuente de ingresos que tiene fuertes impactos ambientales y sobre las comunidades indígenas y campesinas que son despojadas de sus derechos y de su territorio.

 

El programa para establecer pagos debe verificar la capacidad de absorción de C02 para ello se utilizan agentes externos que son los que controlan los bosques y deciden que se puede hacer en los mismos.

La capacidad de absorción de emisiones es comprada por empresas altamente contaminantes y grandes emisores de gases de efecto invernadero, para seguir contaminando con la justificación (no probada científicamente, pero muy lucrativa) de que en otra parte del mundo habrá un bosque que absorberá sus emisiones.

Muchas compañías y organizaciones que históricamente han ocasionado contaminación y deforestación se encuentran promocionando REDD+ como una oportunidad rentable de “compensar” su saqueo continuo del planeta, incluyendo el Banco Mundial, el Banco  Interamericano de Desarrollo, Dow, Rio Tinto, Shell, Statoil, BP Amoco, American Electric Power  AEP, BHB Billiton y la Organización Internacional de Maderas Tropicales.

En Brasil, Chevron Texaco, tristemente célebre por causar una pérdida significante de bosques en la Amazonía ecuatoriana y amenazar a los Pueblos Indígenas aislados voluntariamente y que puede conducir al genocidio, respalda un proyecto REDD+ en la Mata Atlántica que utiliza guardias armados llamados Força Verde que disparan y encarcelan a las personas que pudieran entrar en el bosque.

En Bolivia, BP, quien ocasionó en el Golfo de México el desastre ambiental más grande en la historia de los Estados Unidos, participa en el proyecto de tipo-REDD+ más grande del mundo y que lo ayuda a “teñir de verde” la destrucción de biodiversidad y los modos de vida de las comunidades.

En Papua Nueva Guinea, Colombia, Perú y otros países, los “vaqueros del carbono” corren fuera de control, engañando comunidades para que firmen contratos falsos renunciando así a los derechos que tienen sobre sus tierras.

Los bosques pasarán a tener un precio por la cantidad de toneladas de carbono que son capaces de absorber; los bonos o derechos de carbono serán vendidos y comprados como cualquier mercancía. Para asegurar la propiedad de los compradores de certificados se instaurarán una serie de restricciones en bosques y selvas, afectando el derecho soberano de los países y de los pueblos indígenas

Los gestores de estos acuerdos con los habitantes de la zona son las instituciones del gobierno y en muchos casos ONGs.

Las empresas que invierten pueden recuperar su inversión y además ganar mucho dinero en el mercado del carbono donde se especula con los bonos . Unas 100 mil hectáreas de bosque podría generar una ganancia de 750 millones de dólares en 30 años

Lo paradójico es que la facultad y la capacidad de salvar a la Tierra pasa a manos de las mismas corporaciones que destru­yen el planeta.

 

El Proyecto TEEB

 

El proyecto The Economics of Ecosystems and Biodiversity (TEEB) fue gestado en marzo del año 2007 en Postdam (Alemania) cuando los ministros de Medio Ambiente del G8+5, impulsados por los resultados del informe Stern sobre las repercusiones económicas del cambio climático, decidieron desarrollar un estudio global sobre el valor económico de la biodiversidad y el coste de la inacción política para su conservación.

 

De hecho, los objetivos principales de este proyecto son valorar los servicios que los ecosistemas y la biodiversidad suministran al ser humano y diseñar estrategias de conservación basadas en políticas que compensen económicamente la preservación del flujo de servicios (o penalicen su destrucción) y en la creación de mercados que asignen un valor privado negociable al suministro y uso de estos servicios.

 

Por ello, a pesar de que el TEEB reconoce la pluralidad de valores de los servicios de ecosistemas (valor ecológico, valor socio-cultural, y valor monetario), el planteamiento y la consecución de dichos objetivos ha dado lugar a la simplificación del valor de los servicios de los ecosistemas a una única medida del mismo: el valor monetario. Este hecho es palpable observando los titulares de prensa publicados tras la presentación de alguno de los informes TEEB: “La Unión Europea pone precio a los ecosistemas”, “¿Cuál es el precio de un árbol?”, “La Tierra sólo se salvará si su conservación resulta más rentable que su destrucción”, etc.

 

La visibilización de determinados servicios, principalmente los de regulación o aquellos servicios culturales asociados a prácticas locales o tradicionales, a través de estrategias basadas en el mercado (p.e. creación de créditos de especies amenazadas, creación de bancos asociados con hábitats o biobanking, pago por servicios ambientales,…) promueve la invisibilización de estrategias no formales comunitarias de conservación desarrolladas en un nivel organizativo local y basadas en el conocimiento ecológico

 

dice Vandana Shiva “Si para sobrevivir hay que conservar el mundo, primero se debe restaurar la capacidad humana de conservación”. Sin embargo, la capacidad humana de conservación nunca se restaurará bajo un marco de mercantilización de la conservación de la naturaleza

 

El Programa Millenium Ecosystem Assessment (MEA)

 

En 2001, el programa Millenium Ecosystem Assessment (MEA) de la ONU comenzó a calcular el valor de los ecosistemas del planeta, y hasta 2005 identificó cuatro tipos de servicios ambientales :

1-de los suelos,

2-subsuelos,

3-yacimientos de recursos naturales

4-y recursos marinos.

La décima Conferencia de las Partes (COP 10) sobre Biodiversidad

La Décima Conferenciade partes del Convenio de Biodiversidad Biológica (COP10) celebrada a fines de octubre en Nagoya, Japón, instauró un “nuevo orden” económico internacional que mercantilizará todos los recursos de la biodiversidad, los últimos bienes comunes de la humanidad

La COP10 llevó a la práctica la vieja estrategia diseñada por las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) para revertir la degradación de los ecosistemas y la erosión genética, haciendo realidad los sueños más delirantes de transnacionales, banqueros y fondos de inversión.

Con la lógica de que “sólo se conserva lo que cuesta”, la Conferencia de Nagoya llamó a “intensificar” la valoración económica de todos los bienes naturales, incluida la propia vida, como una nueva clase de “activos” financieros con valor monetario.

El Secretario del CBD premió el proyecto “Negocios y Biodiversidad” (B+B), lanzado en 2008 por la canciller Angela Merkel y la GTZ, por su contribución a “salvar la biodiversidad en el año Internacional de la Diversidad Biológica”.

De esta forma, la COP10 trastocó la “gestión de los ambientes naturales” en un “negocio”, e institucionalizó la mercantilización de todos los recursos de la naturaleza, incluidos los genes, los microorganismos, los “servicios ecosistémicos” (desde la polinización hasta la filtración del agua) y los conocimientos ancestrales de poblaciones indígenas de América del Sur

Se institucionaliza el capitalismo verde

El grupo TEEB también presentó las conclusiones de su investigación en la COP10. El informe recomienda realizar inventarios físicos de las reservas forestales y servicios de los ecosistemas; crear áreas protegidas nacionales y regionales, y valorar los servicios ecosistémicos. Garantiza a las transnacionales más de un 1,1 billón de dólares de “ganancias suplementarias” en 2050

La Conferenciaaprobó un plan estratégico basado en el informe “TEEB para los negocios”, institucionalizó la mercantilización de la biodiversidad y sus ecosistemas, y refrendó un Protocolo que legitima la privatización de genes y conocimientos indígenas

El plan estratégico de la COP10 refuerza mecanismos financieros e incentivos como el Pago y compensación de servicios ambientales (PSE), las compensaciones por biodiversidad, los esquemas de certificación ecológica, y sugiere aplicar más ampliamente otros mecanismos que movilicen inversiones nuevas y adicionales para la conservación y restauración de la biodiversidad.

La COP10 pidió al Secretario Ejecutivo que apoye el programa de trabajo para explorar, evaluar y medir los valores, costos y beneficios de las áreas protegidas, teniendo presentes las características de los diferentes biomas y ecosistemas, y basándose en los resultados del estudio TEEB.

En ese sentido, la COP10 recomendó implementar de forma acelerada los mecanismos REDD-plus en programas de mitigación y adaptación al cambio climático; e incorporar al mercado de carbono no solo los bosques sino también los “servicios ecosistémicos” como la fotosíntesis, la polinización y la prevención de la erosión del suelo, entre otras “funciones de la naturaleza”.

Además, la Conferencia de Nagoya consensuó un Protocolo sobre el uso y distribución equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos (ABS en inglés), que incluyen el “material hereditario contenido en las especies” y los “conocimientos tradicionales” ligados a la biodiversidad.

El Protocolo ABS facilita a las empresas el acceso a recursos genéticos y conocimientos tradicionales “con valor económico, científico o social”, con la condición de que compartan beneficios con la comunidad.

Estos beneficios pueden ser monetarios (mediante tasas de acceso, por muestra recolectada o adquirida de otro modo; pagos por adelantado, pago de regalías, tasas de licencia de comercialización, tasas especiales por pagar a fondos fiduciarios o salarios), o condiciones preferenciales mutuamente convenidas como por ejemplo la financiación de investigación, empresas conjuntas y la “propiedad conjunta de derechos de propiedad intelectual pertinentes”.

La COP10 creó la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES en inglés), un órgano integrado por representantes de Estados, expertos, empresarios y financistas, equivalente al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC).

El IPBES controlará la aplicación de la CDB hasta 2020, priorizando “el interés y las capacidades del sector privado  sobre la utilización sustentable de la biodiversidad y de los servicios de los ecosistemas como fuente de futuras operaciones comerciales y como condición de nuevas posibilidades comerciales…”.

Los bancos y sociedades financieras no disimulan su regocijo porque ahora pueden especular con territorios, áreas protegidas, reservas naturales y otros “sumideros de CO2” privados. Se abre una gran oportunidad de negocio con la diversidad biológica, celebra James Griffiths del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development).

 

la Plataforma Intergubernamentalsobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES en inglés)

 

La COP10 creó la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES en inglés), un órgano integrado por representantes de Estados, expertos, empresarios y financistas, equivalente al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC). [7]

El IPBES controlará la aplicación de la CDB hasta 2020, priorizando “el interés y las capacidades del sector privado (…) sobre la utilización sustentable de la biodiversidad y de los servicios de los ecosistemas como fuente de futuras operaciones comerciales y como condición de nuevas posibilidades comerciales…”.

Los bancos y sociedades financieras no disimulan su regocijo porque ahora pueden especular con territorios, áreas protegidas, reservas naturales y otros “sumideros de CO2” privados. Se abre una gran oportunidad de negocio con la diversidad biológica, celebra James Griffiths del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (World Business Council for Sustainable Development).